Salzburgo desde las alturas

Segundo día en Salzburgo y hoy ya no se ve el sol. Hace frío, pero tampoco nieva.

Hoy queremos conocer la otra parte de Salzburgo, yo no la conocía porque la anterior vez también estuve de pasada y solo fuimos por la parte más céntrica, y reconozco que esta otra orilla del rio me gustó muchísimo. Sus calles son igual de encantandoras, está igual de cuidado todo, sigue conservando la estética de los carteles forjados que caracteriza a esta ciudad. Y tiene tiendas chulísimas. Ya no son las tan típicas de recuerdos, aquí se encuentran cosas un poco diferentes, de más calidad y más bonitas. Yo encontré una tienda de la que no habría salido, o mejor dicho, habría salido con casi todo lo que vendían. Era una tienda de posters vintage, y además tenían chapas, cajas, imanes… todo con fotos de anuncios antiguos que me encantan. En fin, podría pasarme el día de tiendas, pero me gusta ver lo demás también.

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Después de callejear un poco por la zona, buscamos las escaleras que suben hacia la iglesia de Kapuzinerstberg y que llevan a través de un bosque enorme a un mirador desde el que tienes unas vistas de la fortaleza y la ciudad increíbles.

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A ver, la historia es la siguiente: El acceso no está muy bien señalizado porque no indica los miradores como tal. Hay que ir por la calle Linzer Gasse y encontrar un arco con unas empinadas escaleras. Se llega a una iglesia y desde allí debe haber algún camino que llega al mirador. Digo debe haber porque nosotros seguimos subiendo y subiendo, y te vas encontrando más iglesias. El bosque estaba precioso, un paisaje muy otoñal, pero cuando llevábamos ya una hora andando y no había ni rastro del mirador decidimos bajar montaña a través a ver que encontrábamos. Menos mal. Al final no sé ni cómo llegamos al mirador. Las vistas merecieron la pena la caminata y el perdernos. Pero quiénes seríamos nosotros sin perdernos en algún sitio? Ahora que lo pienso este blog tendría que haberse llamado Perderse por el mundo o algo así. Me pega más.

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Bueno, después del millón de fotos de rigor, de admirar las vistas del río, la ciudad y las montañas detrás, después de poder cerrar la boca ante esa maravilla que parece un decorado, fuimos bajando por un camino que se veía junto al mirador. Así llegamos rápidamente hacia otras escaleras. Por eso decía antes que debe haber algún camino que llega más rápido sin dar la vuelta que dimos. Nosotros no lo vimos, pero nos llevamos de propina el paseo por el bosque del que no me arrepiento en absoluto.

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Con tanta caminata se pasó casi la mañana, y queríamos ir a la fortaleza, cerraban pronto así que había que espabilar. Bajamos, de pasada comimos algo en el mercado de la plaza de la catedral, el Christkindlmarkt, y fuimos a por el funicular para subir. Puedes subir andando si quieres pero es bastante paliza. Nosotros optamos por subir en funicular y bajar andando ya tranquilamente. Para cogerlo hay que ir a la calle Festungsgasse y en un momento estamos arriba.

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La Hohensalzburg, o fortaleza de Salzburgo se construyó en el año 1077, y es la más antigua que se conserva entera en Centroeuropa. Hay varios tipos de entradas que te incluyen el funicular y la visita de varias salas. Para elegir la que más os guste podéis ir a este enlace.

Dentro hay un mercadillo navideño que sólo abre los fines de semana.

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Aparte de las vistas de toda la ciudad y alrededores, de los Alpes nevados, y de los campos verdes que parece que no acaban nunca, el interior es bastante interesante. Viendo las montañas parece que va a salir Julie Andrews cantando The sound of Music, y visitando el interior parece que de repente pasarán unos caballeros montados a caballo con sus armaduras preparados para la batalla.

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También es interesante ver el pequeño museo de marionetas que hay a la entrada y donde por supuesto no puede faltar la familia Von Trapp.

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Recordemos que en esta ciudad existe el mejor teatro de marionetas del mundo, aunque hay en muchas otras ciudades. Nosotros queríamos ir a ver una representación pero no coincidía con los días que estábamos, así que nos quedamos con las ganas.

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Después de empaparnos de toda la historia que guardan estos muros, volvimos a la realidad y empezamos a bajar dando un paseo hasta la ciudad. Las vistas siguen siendo estupendas y empezaban a encenderse las luces de las casas, de los mercadillos, creando un ambiente muy romántico.

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Pasamos por un restaurante que tenía muy buenas vistas, y una decoración sencilla pero que le daba un toque ideal . Nos sentamos a tomar unas cervezas, de esas pequeñas que te ponen siempre, (léase irónicamente) y a disfrutar de las vistas de la ciudad.

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Al pasar por el mercado de la catedral nos encontramos un coro de niños que estaba cantando, le daba un toque mágico a la plaza. Ahora sí que parecía Navidad! Como dije en el post anterior echaba en falta la música de fondo para que todo fuera más encantador.

Fuimos a dar un paseo y a buscar la confitería Furst. Como ya comenté esta confitería fue la que inventó y empezó a elaborar las famosas Mozartkugels, las bolas de Mozart. Se llevan elaborando de forma artesanal desde 1890. Su creador Paul Fürst ganó varios premios por este bombón que llamaba la atención por su perfecta forma esférica. Una bola de mazapán de pistacho rodeado de nougat y recubierto de chocolate que hace que toques el cielo, o hasta una sinfonía de Mozart. En el escaparate de la confitería original, en la calle Brodgasse, 13 podéis ver cómo es el proceso para que salgan tan perfectas.  La originales van envueltas en papel plateado y azul, son caras, pero merece la pena. Luego están las cien mil imitaciones que también están buenas, es chocolate, pero no son lo mismo.

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Otra recomendación es entrar a la cafetería Tomaselli, en la que se dice que Mozart iba a jugar al billar, y en las que podéis degustar las tartas más típicas de Austria, la Sacher, la Apfestrudel, la Tarta Mozart…

Como los mercadillos cierran pronto nos fuimos a dar una vuelta por el de la plaza Stern que me había gustado mucho. Y ya por fin buscamos un sitio para cenar, y nos metimos en una pizzería, que ya me apetecía sentarme y no comer de pie en la calle, que la comida de los mercados está muy bien, pero después de todo el día al fresco se agradecía un poquico de calor.

Una visita que no hicimos es la capilla de Oberndorf. Si vais con coche podéis acercaros a este pueblo y ver la capilla donde nació el villancico Noche de paz. Yo la ví hecha de mazapán, pero igual no es lo mismo…

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El día ha sido intenso, así que nos vamos a descansar que mañana toca día de viaje.

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