Día 4. La Maddalena- Porto Cervo- Cannigione

Como conté en el post anterior, al llegar al B&B Il Paduli Alvi, nos dijeron que tenían que sacarnos de allí a la noche siguiente porque tenían que arreglar la alarma, y nos dieron opción de irnos nada más llegar o al día siguiente. Decidimos irnos hoy por la mañana y menos mal. Desayunamos y nos dice la chica que nos lleva al otro alojamiento que está en Cannigione. Nosotros teníamos que ir a Palau a apuntarnos a la excursión del velero que era antes de las 10. Al tener pocas plazas podía llenarse rápido y no habíamos reservado el día anterior. Le dijimos a la chica que nos diera la dirección y las llaves y que iríamos nosotros por la tarde, total que dice que la dirección no sale en el gps. Perdona? Y que nos lleva ya. Pues hala, deprisa y corriendo, nos lleva a una urbanización del pueblo, nosotros de los nervios porque no nos iba a dar tiempo de llegar a Palau y hacer la excursión.

Por fin llegamos al sitio. Por fuera muy buena pinta, unas casas con su terraza, con flores, muy monas, y la que no tenía nada, la más triste, esa era la nuestra. Nos abre la puerta y casi se me cae el alma a los pies. Vaya cuchitril! Eso era de los años del Cuéntame por lo menos, pero no en plan qué vintage cómo mola, no, en plan pero esto qué m… es? Total que por no discutir y porque no queríamos llegar tarde decimos que si que muy bien todo y nos vamos pitando a Palau. No sé cómo lo hicimos por aquella carretera llena de curvas, pero fuimos todo lo rápido que se podía ir, pudimos aparcar en un minihueco gracias al Smart (qué maravilla de coche para estas cosas, de verdad) y llegamos a apuntarnos. No había problema, quedaban plazas. Hoy íbamos a visitar el archipiélago de la Maddalena en velero!

Después de esperar un rato hasta que nos dejaran subir al barco, por fin nos montamos, y estábamos ya los seis que decían que íbamos a ir. Seis mayores y dos niños estábamos. Y por qué no salíamos entonces? Pues porque parece que siempre se puede hacer hueco para más gente y esperábamos a que viniese otra familia de cuatro que estaban intentando aparcar y salimos como una hora más tarde. Pues nada, nosotros tanto correr para luego estar esperando como tontos. Pues si que empezaba bien el día.

En esta excursión nos llevaban a la isla de Spargi a la cala que estuviera más vacía, a la playa rosa, que solo se puede ver desde el barco, y a unas piscinas naturales. Salimos del puerto y ya nos cambió el humor a mejor, el paisaje es muy bonito, e ir en velero es una chulada.

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Al principio íbamos sentados en los asientos a la sombra, luego ya nos repartimos por fuera, a tomar el sol y a hacer fotos. Hicimos un millón de fotos en el velero, creo que los demás flipaban porque no parábamos, pero es que era tan chulo hacerse fotos con las velas, mirando al horizonte…en fin, postureo puro jajaja.

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Cuando llegamos a Spargi, anclan el velero y te acercan a la playa con una pequeña lancha, mientras llevaban a la mitad de pasajeros nosotros qué hacíamos, fotos y fotos. El color del agua increíble, el paisaje espectacular, y el velero casi vacío. Qué pasada!

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Llegamos a Cala Corsara y ya no tenía más boca para abrir. Arena blanca, agua tan transparente y limpia que te veías perfectamente los pies aunque te cubriera, paisaje de montaña y mar, y en la playa prácticamente solo los de nuestro velero. Disfrutamos como enanos bañándonos , mirando el paisaje, y tomando el sol. Otro pequeño paraíso en Cerdeña.

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Estuvimos como una hora y media,  y ya nos llevaban otra vez al barco. Entonces nos dieron de comer. Creo que nunca me había sentado tan bien un plato de pasta, con esas vistas, rodeados de barcos, ese azul intenso del agua. A mí es que todo el rollo este marinero me va mucho, y claro, estaba en mi salsa. Nos pusieron unos embutidos y olivas para picar, el plato de pasta, vino, agua y refrescos.

Continuamos navegando hacia la isla Budelli, y aprovechamos a tumbarnos por cubierta y dormir la siesta. Bueno, los demás dormían la siesta, nosotros hacíamos fotos jajajaja.

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En un momento dado paran, y nos dicen que esa es la Spiagga Rossa. Pues vale, porque dicen que es rosa, que yo la veía blanca igual que las otras. Parece ser que según cómo le da el sol se ve más rosa, y no debía ser esa la hora buena. El color se debe a que es una playa donde hay mucho coral, y ya no dejan bajar porque la gente se llevaba la arena de recuerdo, y al final la estaban destrozando. Así somos los humanos, unos destrozones por naturaleza.

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Seguimos navegando y paramos cerca de las piscinas naturales. En realidad tú vas a una pequeña playa, y está rodeada por varios islotes muy pequeños que forman las piscinas, más que nada que en la playa no hay olas, de ahí debe ser lo de las piscinas. Para bajar te dan la opción de llevarte en la barca o de ir haciendo snorkel. Yo me fui en la barca para llevarme la bolsa con las toallas y la cámara de fotos, pero mi chico fue buceando y dijo que estaba bien.

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Y después de otra hora más o menos allí, vuelta para el puerto. Fue entonces cuando nos sacaron la merienda, rebanadas de pan con nocilla, que la verdad que entraba genial. Y cuando ya estábamos llegando nos dieron un chupito de licor de mirto que es típico de la isla. Qué fuerte estaba! Casi me quemo viva por dentro! Pero oye, había que probarlo…

La excursión nos costó 70€ a cada uno, pero la verdad es que volvería a pagarlos bien a gusto, porque me lo pasé genial. No me arrepiento porque prefería ir en un velero con menos gente que en un barco que lleva por lo menos cincuenta personas, así cuando desembarcabas tampoco tenías tanto follón de gente. Y la experiencia del velero fue genial.

Volvimos sobre las 17,30 y nos fuimos al hotel a ducharnos y cambiarnos para ir a Porto Cervo. Otra experiencia que recomiendo. El pueblo ni siquiera es un pueblo propiamente dicho. Es una urbanización a lo grande, un puerto, unos centros comerciales muy cuquis, un puerto deportivo gigante… algo totalmente construido para los millonetis.

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Yo me lo pasé muy bien viendo las tiendas de marca, cómo te cobran 600 € por un bikini que podría ser del mercadillo por mucha marca que tenga, los yates impresionantes con los dueños tomando algo en plan soy super guay miradme en mi barco, y los restaurantes con precios que alguno me podría haber permitido si no llevase ya unos cuantos días gastando. Hay algunos muy caros, y otros un poco menos, pero para darte un caprichazo no están mal.

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Estuvimos dando una vuelta y nos fuimos a Cannigione a cenar.

Como ya comenté en el post de la llegada a Alghero eran los días en los que se jugaba la Eurocopa, así que había bastante gente en los bares y algunos restaurantes viendo el fútbol en pantallas gigantes. Cannigione no tiene mucho la verdad, es un pueblo normal, sin ninguna gracia, lo único que había un mercadillo en el paseo marítimo, pero como ya era un poco tarde y buscábamos un sitio para cenar ya no nos paramos a mirarlo. Al final nos metimos en un bar con una terraza grande que hacían pizzas, se llama Linus, y estaban muy buenas y bien de precio. Al terminar dimos una vuelta y nos fuimos al cuchitril ese a dormir. Qué lástima acabar un día tan divertido en un apartamento tan cutre, pero bueno, todo lo malo sea así.

A descansar!

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