El castillo de Haut-Koenigsbourg,Bergheim, Riquewhir, Turckheim

Hoy iba a ser un día muy entretenido. Aunque no seguimos el orden lógico de visitar los pueblos por cercanía, nos cundió mucho. Era viernes y había algún pueblo que solo hacía el mercadillo de navidad en sábado y domingo, así que los dejamos para el día siguiente.

Empezamos visitando el castillo de Haut-Koenisgbourg, para evitar que el sábado hubiese más gente, y después fuimos a los pueblos que tenían mercadillo. Como están tan cerca aunque no los hagas seguidos no pierdes mucho tiempo.

Subimos pronto hacia el castillo para evitar aglomeraciones, había leído que suele llenarse, y la verdad que hicimos bien, a las 9,30 estábamos allí y casi no había gente. Al rato ya empezó a venir gente y cuando nos fuimos se empezaba a llenar.

Este castillo está totalmente restaurado, prácticamente lo levantaron de cuatro paredes que quedaban y gracias a fotos y documentos antiguos que encontraron. Aunque no sea totalmente original es uno de los más bonitos que he visto. Es espectacular por dónde está situado, por sus habitaciones, patios y vistas. Desde luego recomiendo esta visita. En este link podéis encontrar información de horarios y precios de las entradas.

Está situado en lo alto de una montaña de 755 metros, estratégicamente situada, lo que le hizo resistir varios asedios.  Perteneció  a Alemania desde el año 1899, ya que Alsacia en aquel entonces estaba bajo administración alemana, hasta el año 1919 que Alsacia fue devuelta a Francia. Ahora entiendo esos nombres que suenan tan poco a francés. Más bien nada.

Tiene un patio que cómo no, habían adornado hasta la saciedad, con abetos y búhos de peluche. Esta gente tiene una gracia y un gusto para hacer las cosas que es increíble.

Sabiáis que la tradición del árbol de navidad viene de Alsacia?

Pues sí, fueron los comerciantes alrededor del año 1521 los que empezaron a poner árboles  para adornar sus tiendas, y en las casas se colgaban ramas del techo que se adornaban con manzanas, obleas y dulces . A finales del siglo  XVII los alemanes empezaron a adornar los árboles con velas, y en el siglo XIX se extendió la tradición por el resto de Europa. Fue a principios del siglo XX cuando la tradición llegó a América y empezaron a adornarlo con luces y bolas. A veces tenemos la idea errónea que todo viene de los norteamericanos y no es así.

Al bajar paramos a hacer fotos por el magnífico bosque que rodea esta montaña y que tenía unas vistas preciosas.

De camino a Riquewhir paramos en Bergheim, que Pauline, la dueña del apartamento nos había recomendado. El pueblo es pequeño pero muy bonito. Como no había mercadillo estaba muy tranquilo, dimos una vuelta y aprovechamos a comprar un escargot de chocolate. Cómo resistirse a esos dulces!!

Este pueblo tiene varias bodegas en las que hacer catas y comprar vino, supongo que estará más lleno en verano cuando se hace la ruta del vino.

Y ya nos fuimos a Riquewhir, uno de los que llevan más fama. Y desde luego bien merecida, aunque como ya he repetido hasta el hartazgo a mí me parecieron todos preciosos, no podría elegir.

Como siempre buscamos un hueco fuera del parquing y tuvimos suerte. La entrada al pueblo ya es espectacular porque entras a través de un gran arco que tiene el ayuntamiento y apareces en una bonita plaza, con su típica fuente decorada a un lado, el mercadillo al otro y una calle llena de coloridas casas enfrente. Eso del síndrome de Stendhal del que hablan en Florencia, creo que a mí me pasó aquí. Cómo puede ser todo tan bonito?

Ya era hora de comer y entramos en un winstub, que es como llaman aquí a los restaurantes, más bien tascas o tipo pub en Inglaterra,  en el que comimos genial. Yo probé la Munstiflette, que son patatas con queso gratinadas. Como esta llevaba además el típico queso Munster, por eso se llamaba así. Riquísimo.

Seguimos paseando por el pueblo y entramos a una tienda en la que solo vendían cosas de navidad. Todo tipo de adornos, de muñecos, peluches, belenes de madera, manteles… dos pisos de pura navidad en los que no pude evitar picar.

De ahí nos fuimos a Turckheim, otro pueblo más pequeño pero monísimo. También muy conocido por su actividad vinícola que data del año 743.  El mercadillo navideño era pequeño, tenía cuatro o cinco casetas, pero muy cuquis, todas de colores. Y un gran calendario de Adviento en el que cada día a las cinco de la tarde abrían una ventana. Nos fuimos antes y no pudimos verlo, pero se veía encantador.

Y ya nos fuimos a Eguisheim. Este es un pueblo amurallado, que si lo ves desde arriba, es redondo. Tiene unsa calles concéntricas que rodean el pueblo, empiezas a andar por ellas y parece que vayas en línea recta, y a lo que te das cuenta estás otra vez en el punto de partida.

Como llegamos de noche y allí iluminan poco las calles nos dimos cuenta que nos estábamos perdiendo el colorido de las casas, así que decidimos volver al día siguiente temprano para verlo también de día. Por la noche está precioso, como todos los demás, con sus luces y mercadillos. Allí comimos nuestras castañas de rigor, porque nos habíamos enganchado a tomarlas cada tarde con un vaso de gluwhein y entraban genial.

Cuando volvimos a Colmar fuimos a dar una vuelta por los mercadillos otra vez, y cenamos un crepe en uno de ellos. A mí me gusta comer así, aunque haga frío y estés de pie, pero de vez en cuando no me importa, así vives más al ambiente navideño. A las 8 ya cerraban, así que nos fuimos al apartamento a descansar y a beber nuestra cervecica de navidad que nos habíamos comprado el día anterior en un supermercado.

Alsacia seguía enamorándome… y aún no habíamos acabado!.

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