Excursión al pueblo nubio

Hoy es nuestro último día navegando por el Nilo, y va a ser un día muy divertido. Normalmente no cogemos nunca excursiones organizadas, pero ya dije que este viaje fue un poco diferente. Nos ofrecían la excursión al pueblo nubio, y no tenía especial ilusión en hacerla, la verdad, pero como con los compañeros ya nos llevábamos muy bien y la mayoría la iban a hacer decidimos unirnos a ellos. Y la verdad es que no me arrepiento. Es una excursión muy divertida, además que los paisajes que vimos eran preciosos. Si vais a Egipto yo os recomendaría hacer esta excursión.

pueblo nubio

El día empieza con un paseo en faluca que estaba incluido en el viaje. Navegamos durante un rato y mientras tocan música, nos van diciendo que repitamos la canción, y vamos cantando y bailando. Nos echamos unas risas.

pueblo nubio

Después volvemos a la motonave y los que hacemos la excursión montamos en un barco que nos llevará hasta el pueblo nubio. El paisaje que vamos viendo es muy diferente. Aunque es desierto aquí la arena es más dorada, hay más palmeras, una vegetación diferente. Solo esta parte del viaje ya merece la pena, además se va notando que vamos al sur y cada vez hace más calor,  se está genial. Nos subimos a la parte de arriba del barco y estuvimos disfrutando de esta parte del Nilo que es mucho más limpia, y como ya he dicho muy diferente.

pueblo nubio

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Pasamos por el mausoleo del Aga Khan, y por el famoso hotel Old Cataract. Construido en 1899, cuando viajaban todos los ingleses pudientes y que ha alojado a famosos como Winston Churchill, Margaret Tacher, la princesa Diana de Gales, y su clienta más famosa, Agatha Christie. Aquí pasaba largas temporadas escribiendo alguna de sus novelas, Muerte en el Nilo entre otras, incluso aquí rodaron escenas de la película. Era tan buena clienta que hasta le pusieron su nombre a una suite. Así que si queréis hospedaros en un sitio emblemático y a todo lujo, ya sabéis donde tenéis que ir.

pueblo nubio hotel old cataract

Desembarcamos en una pequeña playa, nos dejaban bañarnos, pero tampoco hacía tanto calor, así que nadie lo hizo. Y allí nos esperaban ellos, los camellos. Uno para cada uno, y así cual Lawrence de Arabia atravesando el desierto, subiendo dunas y disfrutando de ese maravilloso paisaje atravesamos parte del pueblo y llegamos a la puerta de la escuela.

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Allí ya se empieza a acercar gente a vendernos su artesanía. Los nubios son como una cultura aparte, viven en comunidad, es decir que todo lo que sacan es para todo el poblado, para el colegio, para las obras que tengan que hacer. Son gente muy guapa, de piel más oscura que el resto de egipcios, algunos, la mayoría son negros, de rasgos más africanos, y con ojos claros. Allí le compré unas muñecas de madera a una mujer que decía que las había hecho ella. Si es verdad o eran made in china, no lo sé, pero eran muy chulas y le compré un par. Y tan contenta.

Cuando dejamos los camellos nos entran a la escuela, y allí, sentados en pupitres nos enseñan los números y las letras en nubio y árabe. Fue divertido, y más complicado de lo que parecía. No es que nos sirviera de mucho, pero luego ya podíamos leer las matrículas de las motos y los coches jajaja.

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Después de la clase, al recreo, y nos llevan a ver una casa típica nubia, muy bonita, supongo que todas no estarían tan bien puestas, pero esta que debe ser a la que van todos los turistas era una monada. Paredes encaladas, pintadas con dibujos, con el suelo de arena muy limpia. Tienen animales disecados para ahuyentar la mala suerte, y algunos animalillos que menos mal que no están sueltos, porque aquí que animales hay en los pueblos? Gallinas por ejemplo, pues allí, estamos junto al Nilo, qué van a tener? Pues cocodrilos. Allí los crían porque de ellos aprovechan todo, como del cerdo.

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Nos sacan algo para picar, pan, miel, un turrón que nada tiene que ver con el de aquí y un queso fortísimo, y eso que a mí me gusta el queso fuerte, pero ese no había quien lo comiera. Sacaron té, karkadé y sisha.

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Una mujer nos hizo tatuajes de henna, y nos dejaron hacernos fotos con los cocodrilos pequeños, que aunque eran chiquitines no veas como se revolvían, la verdad que me dio un poco de miedo cogerlo, porque la boca no sería grande, pero la mano te cabía dentro. Yo creo que se estaban poniendo nerviosos por tener a la gente allí tocándolos, aunque éramos muy pocos, pero oye, que no dejan de ser cocodrilos del Nilo, y yo dije, déjalo tranquilo que con una foto ya vale.

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Y así pasamos la mañana, paseando por el pueblo, viendo tiendas, comprando artesanía y encontrando cosas curiosas, como un cartel de Carrefour en una tienda, unas tinajas de agua de donde bebe todo el pueblo o una tele de pantalla plana gigante en el club social. Cosas de la vida moderna.

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Durante la vuelta viví uno de los episodios más tristes que recuerdo. Uno de los que llevaban el barco estaba allí sentado y nos pedía dinero, un euro un euro. Algunos le dimos un euro, pero no todo el mundo, ni tampoco le dimos más. El caso es que se acercaron unos chavales en una barca, o lo que quedaba de ella, porque uno iba remando y el otro sacando el agua que no paraba de entrar, y nos cantaban la macarena y algún éxito de gasolinera española más. La gente le dimos dinero, y una chica le dio unos plátanos que se había llevado pero no se había comido. Pues el tío del barco cogió un rebote que no veas. Que a él no le habíamos dado nada, que quería para sus niños, bueno, cómo se puso. Me dio mucha pena, hasta qué punto podía enfadarse solo por el hecho de que a unos niños le dieran un plátano y a él no. No sé, tiene que ser una situación muy triste llegar a eso. Como siempre cuando sales, ves la parte bonita pero también la parte triste, igual que todos los que intentan venderte lo que sea o que les des un euro por hacerte una foto, o por cualquier cosa. Realmente pienso que si no fuera por todos los tesoros que tiene, Egipto sería tan pobre como muchos de sus países vecinos. Y es una pena que la mayor fuente de ingresos que tienen, que es el turismo, se esté yendo a pique por culpa de algunos descerebrados.

Después de volver al barco y comer ya nos fuimos hasta El Cairo en el bus. Nosotros nos hospedamos en el Ramsés Hilton, un hotel enorme y tan feo por fuera como lujoso por dentro. Qué nivel Maribel! Los salones eran increíbles, las habitaciones grandes, las camas comodísimas, las vistas impresionantes, pero el desayuno del dia siguiente…. Ya lo contaré ya.

La odisea fue salir de aquí para ir a cenar. Qué horror. Parece mentira que estuviésemos en un hotel tan lujoso y estuviésemos rodeados de tanta porquería. En cuanto cruzas las puertas del hotel es otro mundo. El real. Nos fuimos a andar a ver qué veíamos, y aparte de una barbaridad de coches, basura por la calle, contenedores con ratas, perros y todo lo que se acercara en busca de comida… nos dimos la vuelta y volvimos al hotel. Decicidimos ir hacia el otro lado, hacia el río, y algo mejor, pero la calle justo al lado del hotel daba miedo. Pasamos y la gente nos miraba como a bichos raros, para cruzar la calle una odisea. Bueno, lo mejor es no mirar y pasar, y ya te van esquivando, no tienen problema. Sacarse el carnet de conducir en Egipto es nivel experto. Qué manera de conducir!, o de esquivar obstáculos mejor dicho. La verdad es que es una experiencia ir en coche por allí.

Al final nos metimos en un centro comercial muy cutre que había enfrente del hotel porque tampoco teníamos ganas de andar mucho ni de ponernos a mirar donde había algún sitio interesante. Entramos en una pizzería, que además tenía wifi, y cenamos muy bien, la verdad.

Y ya nos fuimos al hotel a descansar que estábamos cansados. Mañana empezamos a descubrir El Cairo.

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